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Identidad

Hay días en los que me levanto y no quiero ni mirarme al espejo. Otros días lo pienso dos veces para entrar a las redes sociales, porque sé que las fotos y las vidas que veo no se comparan jamás a la vida que llevo. Mi identidad siempre ha sido esa área frágil en mi vida. Siempre estoy en medio de algún proceso que me hace cuestionarme si sigo siendo la misma o si todas las cosas que me han pasado me han cambiado. “Para bien o para mal”…eso es lo que quiero saber. Vivo dudando de mi capacidad porque alguien en algún momento cuestionó mi identidad. Alguien que amo, en algún momento cuestionó mis emociones y mis deseos. En medio de algún proceso, alguien me dijo que mi miedo es lo que me define. Lo peor de todo, no es lo que me dice el mundo que soy, es que me lo creo completito.

Si eres un ser humano que siente y padece, estoy 100% segura de que en algún momento sentiste que no eras suficiente para el mundo ni para Dios. Si eres humano, en algún momento alguien atacó tu identidad o te convenció de que todos esos cambios que diste luego de tu proceso, son “temporeros”. Que todo lo que aprendiste mientras suplicabas a Dios que te sacara de tu prueba, que todo lo que leíste en la Biblia acerca de tu propósito y de cómo Dios te eligió antes de conocerte, era falso. Pero no, Dios no miente. El mundo, el enemigo y las expectativas sí. Esas son las cosas que hacen debilitar tu confianza en Dios y en lo que Él ve en ti. Es difícil tener que vivir con la presión de convencer a la gente de que eres capaz, de que eres mejor que ayer, que estás llena de amor y de cosas buenas. Es difícil porque se te olvida que el único que debe estar convencido de eso es Dios, y Él ya lo cree. Ya Él sabe cuán valiosa eres, cuan increíble eres, cuán hermoso es tu corazón, cuántas veces has perdonado y sabe cuánto has sufrido para ser la mujer poderosa que eres hoy.

Y si Dios te lo dice una y otra vez, ¿porqué no le crees? Cuando dejamos al descubierto, abrazamos y proclamamos nuestra identidad en Dios, nos convertimos en una fuerza de bien increíble, y que no se detiene. Tu identidad real se encuentra en medio de esas oraciones crudas y frustradas que tienes con Dios en la privacidad de tu ducha. Tu identidad real se encuentra en los abrazos que le das a la gente que amas. Tu identidad real se encuentra en todas las veces que has perdonado a las personas que te lastiman. Tu identidad real está en todas esas cosas que haces para Dios sin que la gente te vea ni se entere. Tu identidad está en Dios. Él lo dice una y otra vez en su palabra: eres bendecida (Efesios 1:3), eres amada (Juan 3:16), eres valiente (Deuteronomio 31:6), eres redimida (Romanos 3:24), eres libre (Romanos 6:6-14), eres hermosa (Salmo 139:13-14), eres victoriosa (Romanos 8:37), eres escogida (Efesios 1:4), eres perdonada (Efesios 1:7), eres valiosa (Job 33:4), tienes propósito (Jeremías 29:11), eres fuerte (Salmos 18:35), eres su hija (1 Juan 3:1), eres su obra maestra (Efesios 2:10).

Vuelvo y te pregunto, ¿porqué te cuesta creerle a Dios?

Te cuento, últimamente a mi también me cuesta creer