La Obediencia

Uno de los retos más grandes ha sido la obediencia. El obedecer siempre me ha causado dificultad y cuando pequeña podrán imaginar las situaciones que tenía y los regaños que me llevaba. Adulta, Dios me lleva a su obediencia porque cuando entregamos nuestro corazón a Dios, estamos obedeciéndole y debemos seguir aquello que la Palabra dice, ni más ni menos. Si vamos a la Palabra, cuando hablo de obediencia viene a mi corazón Abraham. Abraham fue un hombre que le demostró a Dios su obediencia desde el momento cuando le pido moverse del lugar donde vivía y se fue sin rumbo. Abraham no conocía hacia donde iba, no conocía con qué se estarían enfrentando, no podía imaginar nada porque no conocía su destino, pero Abraham fue obediente a Dios cuando éste le dice: “sal de tu tierra”, así lo hizo él. Muchas veces nos cuesta obedecer, porque no siempre la obediencia nos lleva hacia lo que deseamos y olvidamos que no se trata de nosotros sino de Dios. Deseamos las cosas a nuestro tiempo, en nuestro momento, con nuestras exigencias, pero ¿eso es realmente lo que Dios desea para nosotros? ¿Es realmente lo que deseamos aquello que nos llevará a la promesa de Dios para nuestra vida? Fíjense que cuando Dios saca a Abraham de su tierra lo envía a la tierra prometida, justo en ese momento de la Palabra Dios va llevando su pueblo a la tierra que él tenía para ellos. Entonces, si la obediencia de Abraham no hubiera sido la correcta, la promesa de Dios no se hubiera cumplido. En ello podemos ver cuan importante es creerle y obedecerle a Dios. Al momento no lo vemos, puede que ni sentido tenga para nosotros, pero luego veremos cuan grande era el propósito de Dios en aquello que te pidió obediencia porque en tu obediencia se encuentra tu promesa y quizás la muchas otras personas. Génesis 12:1-2 Tu amiga, Marina Cruz

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