Familia

He crecido amando mi familia de una manera inexplicable. Mi familia es ese comienzo donde siempre voy a comenzar, la fuerza que puedo obtener a través de ellos es increíble, pero sobre todo el amor que siempre nos unirá es lo que nos a hecho ser lo que somos hoy. Nuestra familia es pequeña, sólo tengo una hermana, mis padres y no puedo olvidar mi hermosa abuela. Somos ese apoyo entre todos, cuando hay momentos dolorosos, difíciles nos convertimos todos en uno, porque sufrimos juntos. En momentos de alegría, somos uno porque celebramos juntos por igual. Es muy lindo tener una familia donde no importa los defectos, las diferencias, las circunstancias que se hayan vivido siempre seremos familia. Han sido muchas las veces que he acudido a ellos para un consuelo, para una gran noticia, para un consejo. Son tan importantes en mi vida que estoy segura que ellos son las luces que Dios me envió para que iluminen mi vida, mi andar, que iluminen cada uno de mis días.

En un momento de mi vida Dios me confrontó con una muy dolorosa situación, el cáncer de mi papá. Fueron momentos muy duros donde por un momento pensé que como familia no podrías superar ese proceso. Destruida e intentando obtener fuerzas de mi mamá y mi abuela quien siempre está animada ante todo, me di cuenta que necesitaba algo más, pero no sabía en ese entonces lo que era. Luego de varías años con el milagro de tener con vida a mi papá, Dios como familia nos vuelve a confrontar, mi abuela muy grave donde no había esperanza. Mi mamá en otro hospital operándose acompañada de mi papá, nos encontramos en un pasillo frío de un hospital mi hermana y yo. ¿Y ahora? Mis fuentes humanas de sabiduría y fuerza nos estaban a mi lado. Justo en ese instante mi hermana me pedía una palabra sabía y estaba totalmente muda. Es ahí cuando entendí que amaba a Dios, pero no lo había hecho parte de mi familia, por eso me sentía sin fuerzas y sin una palabra que decir.

Por años viví conociendo y amando a Dios, pero no lo hacía parte de mi familia. Era algo como el allá y nosotros acá. Cuando él siempre ha estado con nosotros. Entiendo que el ver lo grande y poderoso que es nuestro Dios, podemos ponerlo en un lugar lejos de nosotras, cuando lo tenemos tan cerca como tenemos nuestra familia o aún más. Dios es nuestra familia y pensar que muchas veces lo vemos como dos cosas muy diferentes. Através del amor de nuestros padres, hermanos, abuelos y familia podemos ver el amor de Dios cada día con nosotros. Si no es porque Dios no a amado y le amamos, es muy difícil ver el amor puro entre familia. Somos una familia porque Dios es el centro de ella. El amor y el perdón son el sinónimo de la palabra familia y eso es por la Gracia de Dios. El 1Timoteo 5:8 la palabra nos dice: “La corona del anciano son sus nietos; el orgullo de los hijos son sus padres”. Cuidemos nuestra familia como lo más sagrado en éste mundo, recordemos que Dios es parte de ese núcleo familiar y que por él hoy tenemos la dicha de amar nuestra familia.

Tu amiga,

Marina Cruz

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