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Gracias por tu Gracia

Cuántas veces hemos dicho ¡Gracias! no por cortesía, sino porque

nuestro corazón lo gritaba y era imposible no decirlo. La palabra ¡Gracias! es

sumamente común cuando deseamos agradecer algo a alguien. Pero hay

momentos que la palabra ¡Gracias! alivia nuestra alma, nos hace descansar en

paz, nos hace respirar profundo para continuar.

En muchas ocasiones todas hemos tenido que pasar grandes desiertos,

grandes pruebas, momentos duros y difíciles. Yo los he vivido y justo en ese

momento opto por darle a Dios mi mejor alabanza. Aprendí aún en mi dolor

darle lo mejor de mí porque cuando más lejos de él podamos sentirnos, cuando

más solas pensemos que estamos, es cuando más cerca estamos de Dios y es

justo en ese momento que él hará lo necesario para manifestarse en nuestras

vidas.

Hace varias semanas me tocó manejar una situación dolorosa para mí,

pero sobretodo para mi hermana. Vivo a 2 horas de ella, durante todo el camino

iba escuchando mis canciones favoritas y orando. En un momento mientras iba

manejando, mi corazón no aguantó más en saber el sufrimiento que ella tenía y

entonces yo sólo podía llorar. Mientras lloraba no paraba de cantar, pero hubo