Gracias por tu Gracia

Cuántas veces hemos dicho ¡Gracias! no por cortesía, sino porque

nuestro corazón lo gritaba y era imposible no decirlo. La palabra ¡Gracias! es

sumamente común cuando deseamos agradecer algo a alguien. Pero hay

momentos que la palabra ¡Gracias! alivia nuestra alma, nos hace descansar en

paz, nos hace respirar profundo para continuar.

En muchas ocasiones todas hemos tenido que pasar grandes desiertos,

grandes pruebas, momentos duros y difíciles. Yo los he vivido y justo en ese

momento opto por darle a Dios mi mejor alabanza. Aprendí aún en mi dolor

darle lo mejor de mí porque cuando más lejos de él podamos sentirnos, cuando

más solas pensemos que estamos, es cuando más cerca estamos de Dios y es

justo en ese momento que él hará lo necesario para manifestarse en nuestras

vidas.

Hace varias semanas me tocó manejar una situación dolorosa para mí,

pero sobretodo para mi hermana. Vivo a 2 horas de ella, durante todo el camino

iba escuchando mis canciones favoritas y orando. En un momento mientras iba

manejando, mi corazón no aguantó más en saber el sufrimiento que ella tenía y

entonces yo sólo podía llorar. Mientras lloraba no paraba de cantar, pero hubo

un momento en el cual estaba tan llorosa que pensé en detenerme porque

entendía que no podía manejar así, pero Dios me decía: “No te detengas”

obedecí y continué guiando. Llorando, y sin dejar de cantar y darle mi mejor

alabanza a Dios, al pasar 4 ó 5 minutos cerca de la costa vienen hacia mi

guagua miles y miles de mariposas. Eran tantas que no parecía real. Justo en

ese momento supe lo que era estar totalmente en la presencia de Dios. Viví lo

que es la Gracia de Dios y sólo pude decir, ¡Dios, Gracias por tu Gracia! Nunca

había sentido dolor, paz y felicidad a la vez. Sólo Dios puede lograr eso en un

momento tan difícil. Y es cuando viene a mi mente, “Y me ha dicho: Bástate mi

gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana

me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de

Cristo."

2 Corintios 12:9

La Gracia de Dios es un regalo que tenemos. Es un privilegio poder decir

que gozamos de su Gracia. No importa la circunstancia que atravesamos, la

prueba difícil, no dejemos de darle la Gloria a quien Gloria merece. Porque por

más oscuro que este nuestro desierto, hay una luz que resplandece más que el

sol y esa luz es Jesús. No hay nada más puro y sublime que la Gracia de la cual

podemos gozarnos. Las pruebas siempre vendrán, las dificultades, los

momentos en que es probable que nuestra fe se ponga a prueba, pero no

dejemos que esa Gracia sea opacada. Seamos nosotras capaces de aún en

medio de ese momento difícil decir ”Mi vida es la ofrenda que puedo entregar”.

Que sea Dios quien gobierne nuestros días, dejemos que la Gracia sea nuestras

raíces para que seamos un tronco fuerte ante cualquier dificultad, "Por quien

también tenemos entrada por la Fe a esta Gracia en la cual estamos firmes, y

nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios." Romanos 5:2

Descansemos nuestras preocupaciones en su Gracia. No olvidemos que

somos las hijas del Rey. Somos mujeres poderosas, dignas y luchadoras. Los

desiertos siempre serán necesarios para poder crecer más y acercarnos más a

Dios. Démosle ¡Gracias! No sólo en los buenos momentos, démosle ¡Gracias!

en esos momentos difíciles, porque cuando somos agradecidas y nos aferramos

a Dios, se asegura una gran Victoria. “Pero en todas estas cosas somos más

que vencedores por medio de aquel que nos amó.” Romanos 8:37

Hoy las reto a que seamos agradecidas de su Gracia. Aprendamos a ser

agradecidas ante todo, porque todo tiene un propósito perfecto. Aférrense a

Dios, démosle lo mejor de nosotras y veremos grandes cosas pasar en nuestras

vidas. Aquí les comparto un versículo que me llena de fortaleza y lo compartí

con mi hermana en ese momento tan difícil “Se reviste de fuerza y dignidad, y

afronta segura el porvenir.” Proverbios 31:25 No permitan que la Gracia que

Dios les regaló deje de brillar. Porque podemos tener almas rotas y heridas, pero

la Gracias de Dios las restaurará, esa Gracia que llena manos vacías y nos hace

libres. Démosle nuestra vida como vasijas vacías para que su Gloria se muestra

en nosotras y las llene.

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