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Soy de esas que aman cantar

Recuerdo el primer día que visité mi iglesia, justo hace unos 8 años. Me recibió quien hoy puedo llamar mi amiga del alma, Sonalí. Durante el tiempo de adoración no podía parar de admirar como todos adoraban, cantaban, bailaban, brincaban, pero sobre todo era sorprendente ver cómo cada uno se conectaba con Dios. Para mí, era algo totalmente nuevo dado que no había visitado antes un culto de una iglesia evangélica con el interés y anhelo de tener un encuentro con Dios. Desde ese día supe que esa sería mi iglesia, supe que era allí donde deseaba crecer en Dios. Domingo tras domingo mi anhelo de adorar a Dios como todos lo hacían crecía más y más. Desde ese momento entendí cuan importante es la adoración para cada una de nosotras. Es nuestro encuentro puro y genuino con Dios.

Ella es mi amiga Sonalí, una mujer quien nos enseña a adorar a Dios con toda nuestra alma. Rendirme a él es justo el momento donde más cerca me he sentido de Dios. Caer justo a sus pies me demuestra que no hay lugar más alto y más grande que estar a los pies del Padre. Es justo ese momento en el cual le demostramos a Dios nuestra humildad, nuestra entrega, vamos a él tal y cual somos, una hija de Dios.