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    La oración es un ejercicio de intimidad poderoso. Al mismo tiempo es uno de los temas que más dificultad nos presenta. Si estás teniendo dificultad al orar te invito a que no abandones esta lectura. Estoy convencido de que te guiará a encontrar el camino para fortalecer tu vida de oración. Si te pasa como me pasó a mí y a muchos de mis amigos, probablemente no oras porque no “lo sientes” hacer o porque cuando encuentras ganas para hacerlo sientes que no lo estas haciendo bien.

 

    Si hay algo que nos mueve a hacer, o no hacer las cosas es: “lo que siento”. En ocasiones podemos vernos tentados a medir la sinceridad de nuestras acciones por “lo que siento”. Pensamos que si lo hacemos y no lo sentimos, pues, no es genuino. Aunque suene razonable, esta idea no puede estar más lejos de la verdad. Lo que siento habla de lo que deseo, y no de lo que debo. Muchas veces lo que siento nos llevó a aumentar esas libritas extras, pues sentí tan fuerte comerme ese quesito y nunca sentí ir al gimnasio. No permitas que “lo que siento” sea responsable de tu irresponsabilidad. No es que lo que sentimos no sea importante, pero cuando esto no se alinea a nuestro deber, necesitamos entrenar nuestras emociones. La disciplina nos lleva a alinear lo que siento con lo que debo. Los buenos frutos que trae la disciplina entrenan nuestras emociones a estar conformes con el deber y no la comodidad. Incluye en tu disciplina de oración un momento específico del día, planifica ese tiempo de manera que evites tener distracciones, acompaña tu oración con alabanzas y ora. Ora, aunque no sientas hacerlo. Ora, aunque no estés seguro de que lo estás haciendo de la manera correcta, disciplinate a hacerlo. Pídele al Espíritu Santo que te ayude. Su unción te enseñará y la unción llegará a través de la fe expresada en disciplina. El aceite brota del olivo cuando este es exprimido. En esos momentos donde se hace difícil orar, podrás sentirte exprimido, pero no te detengas, a su tiempo recibirás la recompensa si no desmayas. No estás solo, el Señor ha dejado al Espíritu Santo y a su Iglesia para ayudarte.

 

    Cuando nos entregamos a Jesús, ocurre algo muy particular en nuestro interior,  nacemos de nuevo. En estos momentos tengo el privilegio de ser papá de un hermoso niño de 4 meses, su mamá y yo estamos en la carrera de que diga mamá o papá primero. Así como mi hijo al nacer, poco a poco va aprendiendo y perfeccionando la forma en la que se comunica, al nacer de nuevo, nosotros vamos creciendo y aprendiendo. Su mamá y yo, como familia le daremos ejemplo, lo animaremos, lo corregiremos y practicaremos para ayudarle a desarrollar su comunicación.  De igual forma el Señor a dejado una familia de fe que está para dirigirte y ayudarte, para que tu vida de oración sea llena de tiempos maravillosos en la presencia de Dios. Busca en tu congregación un líder que tenga buenos frutos en su vida de oración y pídele que te ayude. Se que no es fácil pedir ayuda, pero trae unos beneficios poderosos. Hay detalles de la oración que no aprenderás de otra forma que no sea orando junto a otros hermanos en la fe.

 

    Finalmente, sumérgete en la palabra de Dios. Una buena disciplina, el apoyo de la familia de fe y un corazón fundamentado en la palabra de Dios te llevarán a tener una vida de oración exitosa. No existirá desánimo que pueda detener tu tiempo de intimidad en oración.

 

 

 

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